El programa de televisión nocturno ha concluido, tiempo de desechar lo que por el día ingeriste, tiempo de cagar. A pesar de que es media noche, y una noche fría, no sientes deseo por ir a la cama, desde pequeño te encanta dormir tarde, es cuando tu mente se despeja, tienes tiempo a solas, meditas libremente, cuando te la puedes jalar sin que te cachen. Por eso es que surras de noche, porque tu abuela con problemas de vejiga no te molesta justo cuando aplastas las nalgas sobre el retrete. Sospechas que tardarás un poco, así que tomas un libro, ese que te dieron a leer en la escuela, porque como en México se leen 2.5 libros al año por persona, mientras que en los países “desarrollados” leen más de treinta; los profesores quieren fomentar el hábito de la lectura. Yo pienso que es una excusa para que no hagan nada los güevones. Ya parece que los extranjeros van a leer libros teniendo red WI-FI gratis mientras tú le sigues pagando al Charly Delgado para que se siga pudriendo en dinero.
Por fin, el tronco salió del agujero, ya sientes la pierna dormida, momento de levantarse, pero la lectura de la tanga de Virginia te ha entretenido tanto que se te olvida la peste que estás oliendo. Habla sobre temas de interés contemporáneo: ciencia, economía, política, cómo chingarse a la vieja más buena de tu salón. Quién sabe porque chingaos le pusieron ese título. De seguro el representante le pidió al autor el nombre del libro cuando éste vio la prenda de la dama que se cogió la noche anterior y lo pensó en voz alta. Te empieza a dar hambre, así que en cuanto terminas de leer el capítulo 8 decides continuar la lectura en la sala acompañada de una quesadilla de champiñón que está en tu refrigerador desde el fin de semana pasado acompañado de un vaso de coca cola, mas divisas en la puerta del frigorífico una botella larga y oscura con una etiqueta que indica el lugar de procedencia, Italia, así que esto sugiere un cambio de bebida: un vaso de vino tinto. Sigues adentrándote en lo que te dice el libro, te preguntas si en verdad el autor vivió todo eso o solo son unas chaquetas mentales que se le ocurrieron en su último viaje de cocaína, eso si le alcanzó el varo. Súbitamente recuerdas a aquella señorita de rizos indefinidos con la que estuviste en aquél baile, en el cual te sacaron a patadas y todo por defender a tu amigo para que al final agradeciera el acto heroico vomitándote en la playera blanca de Led Zepellin que te prestó tu hermano, y tan chingona que estaba la playera, hasta parecía de diseñador ¡maldito ebrio¡ bendito vicio; habías estado pensando en ella y la razón era, tal vez, que no la pudiste besar, tan acostumbrado estás a fajarte por lo menos con una damisela en cada fiesta a la que asistes, pero en ése entonces no pudiste, no porque fueras incapaz o por ausencia de deseo, buscabas un reto personal que anhelabas desde hace ya un tiempo, aquello por la que las mujeres se trauman con los hombres diciendo que todos son iguales, pobres ingenuas y todo gracias a sus telenovelas y películas Disney. Muerdes tu quesadilla, un trago al vino y continúas la lectura. Es tan fascinante que hagas lo que deseas en el momento sin que nadie esté chingando, ojalá que fuera así siempre, sin ruido, sin el calor sofocante del verano, sin abuela con problemas de vejiga.
Ella baila, no existe nada más, esa forma tan cándida de girar las caderas, te hipnotiza con ese movimiento. Te empieza a decir algo, te acercas a escucharla, tu mejilla hace contacto con la de ella, sientes que es tan áspera, como si te frotaras una lija bastarda, te acercas más. Otra mordida, otro trago, continúa la lectura. No sabes cuánto tiempo ha pasado desde el ploc en el retrete, que te costó algunas lágrimas por el esfuerzo, al capítulo 22, no importa, nadie te molesta. El texto sigue siendo interesante, haz llegado a la parte de la ciencia, afortunadamente ya pasaste lo tedioso de la economía, a quién carajos le interesa saber de impuestos, devaluaciones, asesorías financieras. Todos son felices con una coca-cola y una memela, o gordita como las conocen en algunos lugares. Sigues pensando en ella, ya ni si quiera sabes qué estás leyendo. No te permites quedar con el deseo, vas por ella, así sea de madrugada le dirás lo que te sucede respecto a ella, no sabes donde vive, pero con una búsqueda rápida en Google maps la localizas, situada a media hora de tus aposentos, tu madre duerme, agarras las llaves del Córdoba, sales del departamento… te regresas y das el último trago al vino. Llegas a su casa, solo una luz está encendida, inmediatamente razonas que proviene de su habitación, por su obsesión con el rosa y los afichés de su actor preferido, le gusta tanto que con tan solo mencionar el nombre se orgasmea, pero pronto esos orgasmos los provocarás tú. Ella se asoma en el ventanal, como si la hubieses llamado con el poder tu mente, aunque en ese momento tu poder se situaba en otro lugar, te hace una seña para indicarte que subas por la protección de la ventana de abajo, una hazaña fácil para tu dinamismo corporal. Entras a su cuarto, velas prendidas, pantallas en las lámparas y de fondo Frank Sinatra, maestro de la seducción musical, te estaba esperando, al parecer también habías invadido sus pensamientos. Te acercas, sin decirse una sola palabra, para besar la lija de sus cachetes inflados, te das cuenta que ella cierra los ojos, un beso en el cuello y ella tuerce vigorosamente tu camisa, como cuando se exprime alguna prenda, oyes tu nombre, no prestas atención y continuas con el rito, lo vuelves a oír, aunque esta ocasión con eco, piensas que es la acústica del lugar, de seguro la humedad ha abierto poros en las paredes provocando cierto rebote de las ondas sonoras, tú sigues concentrado, quieres hacerla sentir el placer más grande de su vida, que jamás se le olvide quien la hizo gozar, poner tu sello en su cuerpo, tu nombre nuevamente, pones tu mano en su nuca y masajeas suavemente, y ella exprime más fuerte, mientras más se excita mayor es la pasión del deseo, la recuestas en la cama, te abraza con sus piernas, arranca los botones de tu camisa de un solo jalón, escuchas tu nombre, te acercas a besarla estás a punto de tocar sus labios, sientes un golpe en la cabeza, tu madre te ha golpeado con la tanga de Virginia. – Levántate, cabrón. Son las 9:00 de la mañana. ¿Qué no piensas ir a la escuela?
1 comentario:
nooo inventeees....esta geniial...
me encanta como escriibes..das tu tooqe en cada frase..en cada oraciion...
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