Miro, observo, leo, pienso, razono, analizo, escucho, oigo. Intentos desesperado y al mismo tiempo fallidos para tratar de no recordarla. Por alguna extraña razón puedo recordar su olor como si estuviese enfrente de mí pasándose la mano por su cabello, lo acomoda. Al darme cuenta de mi sofisma, decido detener mi mundo para poner toda la concentración enfocada en ella, sucumbo ante la insoportable ansiedad de tenerla junto a mí, pero tan estupidamente me lo imagino, ya que no tengo una razón ni si quiera un motivo para que suceda, y como la mayoría ha de saber, todos reaccionamos a través de estímulos y motivos, -que es lo que me estimula a estar junto a ella. Pienso en todas las posibilidades, cada una más absurda que la anterior. Sigo son querer darme cuenta.
Regreso a mis actividades cotidianas. Supongo que por haberle dedicado tiempo, lo siguiente deberá estar libre de ella, de su escencia. Pero una vez más caigo en mi arcaico axioma. Prosigo por un último intento antes de darme cuenta de lo ya sabido.
La información es el arma más letal que se puede obtener ante cualquier adversidad. Sin embargo, de qué sirve un arma si no se sabe usar. Ironicamente, se busca información de la información. Me inmiscuyo en el asunto tan exorbitante que me he creado. Vulgarmente, lo razono, lo entiendo y lo llevo a la práctica. Al parecer no existe otra solución, el resultado siempre será el mismo. Basándome en el arma adquirida decido dar el primer tiro. Aceptar la verdad...
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